martes, 5 de junio de 2012

Devocional

Dios es nuestro amparo y fortaleza,nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Salmos 46:1

Una ayuda que no llega cuando la necesitamos vale poco. El áncora abandonada en casa de nada vale para el marinero en el momento de la tormenta; el dinero que en
otro tiempo poseyó el deudor para nada vale cuando se ha extendido contra él una demanda judicial. Pocas ayudas terrenales pueden llamarse «prontas»: de ordinario se hallan lejos cuando hay que buscarlas, cuando se utilizan, y todavía más lejos
después de utilizarlas. Empero nuestro Dios es «pronto» cuando le buscamos; «pronto» cuando le necesitamos, y «pronto» cuando hemos experimentado su ayuda.

Viene en nuestro auxilio antes que pueda llegar el amigo más cercano, porque durante la prueba está en nosotros; más presente de lo que estamos nosotros en nosotros
mismos, porque a veces carecemos de presencia de ánimo. Él está siempre presente, totalmente presente, eficazmente presente, simpáticamente presente, totalmente presente. Está presente ahora si es un tiempo sombrío; descansemos en Él. Es nues-
tro refugio: escondámonos en Él; es nuestra fortaleza: revistámonos de Él; es nuestro amparo: apoyémonos en Él; nuestro pronto auxilio: descansemos ahora mismo en Él. No es preciso que pasemos ansiedad ni temor. «Jehová de los ejércitos es con
nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob».



Libro: banco de cheques (Spurgeon)

lunes, 4 de junio de 2012

Texto biblico

¡Vuelve, oh Israel, a Jehovah tu Dios; porque por tu pecado has caído! Tomad con vosotros estas palabras y volved a Jehovah. Decidle: “Quita toda la iniquidad y acéptanos con benevolencia; te ofrecemos el fruto de nuestros labios. No nos librará Asiria; no montaremos sobre caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: ‘Dioses nuestros’; porque en ti el huérfano alcanzará misericordia.
“Yo los sanaré de su infidelidad. Los amaré generosamente, porque mi furor se habrá apartado de ellos. Yo seré a Israel como el rocío; él florecerá como lirio y echará sus raíces como el Líbano. Sus ramas se extenderán. Su esplendor será como el del olivo, y su fragancia como la del Líbano. Volverán y se sentarán bajo su sombra. Cultivarán el trigo y florecerán como la vid. Su fragancia será como el vino del Líbano.
Oseas 14:1-7

Devocional


Aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben, mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible, ha dicho Jehovah, quien tiene compasión de ti. Isaias 54:10



Una de las mas preciosas cualidades del amor divino essu carácter permanente.
Los pilares de tierra pueden ser removidos de su sitio; pero la alianza de gracia del Dios misericordioso jamás se apartará de su pueblo. ¡Qué satisfecha está mi alma de tener una fe tan grande en esta declaración inspirada! El año toca a su fin y los años de mi vida van disminuyendo, mas el tiempo no cambia a mi Señor. Nuevos inventos sustituyen o mejoran a los antiguos: Dios es el mismo.
La fuerza puede trastornar los montes, mas no existe poder alguno capaz de afectar al Dios eterno. Ni lo pasado, ni lo presente, ni lo futuro puede hacer que cambie la benevolencia de Dios para conmigo.

Alma mía, descansa en la eterna misericordia de tu Señor, que te trata como a pariente cercano. Acuérdate también del pacto eterno. Dios siempre lo tiene presente; no lo olvides tú. En Cristo Jesús, Dios se ha comprometido a ser tu
Dios y considérate como a uno de su pueblo. Misericordia y pacto están aquí unidas como dos cosas seguras y duraderas, que ni la misma eternidad te podrá arrebatar

Libro de cheques (Spurgeon)

sábado, 2 de junio de 2012

Devocional

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias

Colosenses 4:2



Es interesante observar cuán gran porción de La Sagrada Escritura se ocupa del tema de la oración, ya sea al proporcionarnos ejemplos, cumpliendo preceptos o proclamando promesas.
Apenas abrimos La Biblia leemos: “Entonces se comenzó a invocar el nombre del Señor” (Génesis 4:26), y justo cuando estamos por cerrar el libro, el “amén” de una súplica ferviente llega a nuestros oídos.
Los casos son abundantes. Acá encontramos a un Jacob luchador, a un Daniel que oraba tres veces al día y a un David que con todo su corazón clamó a su Dios. En la montaña vemos a Elías, en el calabozo a Pablo y Silas. Tenemos gran número de mandamientos y miles de promesas.
¿Qué nos enseña esto sino la sagrada importancia y la necesidad de orar?


Podríamos estar seguros de que cualquier cosa que Dios haya destacado en su Palabra, lo ha hecho porque desea llamar la atención sobre eso. Si Él dijo mucho sobre la oración, es porque sabe que tenemos mucha necesidad de ella. Nuestras necesidades son tan profundas que hasta que estemos en el cielo no debemos dejar de orar.¿No deseas nada? Entonces creo que no conoces tu pobreza. ¿No tienes necesidad de pedirle misericordia? Entonces que la misericordia del Señor te
muestre tu miseria. Un alma que no ora es un alma sin Cristo. La oración es el balbuceo del creyente niño, el grito del creyente luchador, el requiem del cristiano que, moribundo, puede quedarse dormido en Jesús. Es el aliento, el lema, el consuelo, la fortaleza, el honor de un cristiano. Si eres un hijo de Dios, busca el rostro del Padre y vive en su amor.
Ora para que este año seas santo, humilde, celoso y paciente. Ora para que tengas una comunión más cercana con Cristo, y para que entres con mayor frecuencia en “la sala del banquete” (Cantares 2:4) de su amor.

Ora para que seas un ejemplo y una bendición para los demás, y para que puedas más y más vivir para la gloria de tu Señor. Que el lema de este año sea: “permanece
constante en la oración”.




Libro "De mañana oire su voz" (Spurgeon)

martes, 8 de mayo de 2012



"Por nada esteis afanosos, sino sean coonocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús."
Filipenses 4:6-7


Pon tus suplicas delante del Señor de tu vida, guardián de tu alma. Acércate a Él con dos partes de oración y una de alabanzas fervorosas. No ores con dudas, sino con gratitud. Ten por cierto que tus peticiones han sido atendidas, y, por tanto, alaba al Señor por su misericordia.
Él te prodiga sus bendiciones; dale tú las gracias. Nada le escondas, ni guardes en tu pecho inquietud alguna que perturbe tu corazón; «sean notorias vuestras peticiones». No recurras al hombre, sino sólo a Dios, al Padre de Jesús que en Él os ama.
De este modo encontraras la paz de Dios, Jamas comprederas de cuanta paz te inundara. Él te estrechará en sus brazos amorosos. Tu corazón y tu espíritu quedarán sumergidos por Cristo Jesús en un océano de reposo. Venga sobre ti la vida o la muerte, la pobreza o el dolor, la calumnia o el odio, siempre estarás al abrigo de toda tempestad, por encima de todas las nubes que te amenacen. ¿Por qué no obedeces a este tan inefable mandato?

Sí, Señor, creo en ti, pero ayuda mi incredulidad.


Del libro: Libro de cheques (Spurgeon)

lunes, 7 de mayo de 2012

Devocional



Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros.
Isaías 66:13


!El consuelo de una madre! Es la ternura misma! Cuan perfectamente comprende la pena de su hijo!¡Cómo le estrecha contra su seno y procura meter todas sus amarguras en su corazón! El hijo puede
comunicárselo todo a su madre, seguro de que nadie como ella simpatizará con él.
Entre todos los consoladores, el niño siempre preferirá a su madre; esto mismo experimentan los mayores. ¿Y consiente Dios en cuidar a su pueblo como una madre? Esto demuestra una bondad exquisita. Fácilmente podemos comprender que es un padre, pero ¿será también para nosotros una madre? ¿No nos invita con esto a una santa familiaridad con Él, a entregarnos sin reserva, a descansar en su regazo?
Cuando Dios mismo se hace nuestro Consolador, la prueba no puede durar mucho. Confiémosle nuestra pena, siquiera sea suspirando y sollozando en su presencia. A buen seguro que no nos menospreciará a causa de nuestras lágrimas. Nuestra madre no nos menospreciará. Verá nuestra flaqueza como lo hacía ella y perdonará nuestras faltas con mayor ternura de lo que podía hacer nuestra propia madre. No tratemos de llevar la carga solos; esto sería muy duro para quien desea con tanta benignidad consolarnos. Comenzamos el día con nuestro Dios amantísimo, ¿por qué no hemos de terminarlo a su lado, ya que las madres nunca se cansan de estar al lado de sus hijos?


Libro de cheques (spurgeon)