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miércoles, 30 de noviembre de 2016

"Un libro asombroso"

Por  Carlos Vela

“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Sal 119:18). En esta oración el salmista está rogándole a Dios que le permita ver y deleitarse en las “maravillas” que se encuentran en su Palabra. Pero, ¿a qué se refiere el salmista con el término “maravillas”? En base a su definición dicho término se utiliza para describir algún suceso o caso extraordinario que es capaz de desencadenar nuestra admiración.
Lo cierto es que la Palabra de Dios debería maravillarnos el tiempo entero. La Biblia nos presenta el hecho más extraordinario jamás contado, el Dios omnipotente y eterno, creador del universo, toma nuestra forma para entonces obedecer completamente sus propias demandas y morir en nuestro lugar, rescatándonos así del problema que tiene a toda la humanidad muerta y sin esperanza, el pecado. Sin embargo, la más triste realidad es que, frecuentemente, cuando leemos su Palabra, nuestros corazones experimentan de todo menos admiración y asombro.
El salmista sabía por un lado, que el problema de ello no residía en el libro que tenía delante, sino en que, a causa de su propio pecado, los ojos de su corazón permanecían cerrados delante de tan asombrosas verdades; por otro, creía firmemente que Dios podía mostrarle la gloria de la persona y la obra de Jesús a través de su Palabra, despertando una profunda admiración hacía Él. ¡Hermano, cada vez que te acerques a la Palabra ora para que el Espíritu de Dios abra tus ojos para maravillarte de Cristo, no existen verdades más asombrosas en ningún otro libro!

miércoles, 8 de junio de 2016

"Este es el verdadero Dios, y la vida eterna"


Por Pedro B. Blois  

El cristiano no conoce a Dios si no es en Jesucristo. Él es verdadero Dios y vida eterna (1 Juan 5.20). Es en la encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, que conocemos a Dios. Jesucristo es la Palabra eterna de Dios – quien siempre ha estado con Dios y es Dios – que se hizo hombre. Los cielos cuentan la gloria de Jesucristo, las estrellas nos hablan de su grandeza y poder. Todas las cosas fueron creadas por Él, y Él las sustenta con la palabra de su poder.
El cristiano sabe que, cual sea el concepto de una persona acerca de Jesucristo, ese es su concepto de Dios. No conocemos a un dios en abierto, un dios ambiguo, al dios de las religiones. Nada de eso. Conocemos al Padre tal y como se ha revelado en Hijo. Creemos y descansamos firmemente en las palabras del Señor, cuando dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14.6b Ciertamente: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” Juan 14.9.b.

viernes, 6 de marzo de 2015

"La fe descansa en las promesas"



Por Pedro B. Blois   

¿En qué consiste, en la práctica, la vida de fe? ¿Qué significa exactamente vivir por fe? Vivir por fe, es vivir descansado en las promesas de Dios; es saber que, invariablemente, Dios cumple su Palabra. Vivir por fe, es vivir en obediencia a la Palabra, con la certeza de que Aquel que habla, es Fiel y Verdadero. Decimos que la diferencia entre el fideísmo – una fe falsa y vacía –, y la verdadera fe, es que la segunda, se caracteriza por un compromiso inquebrantable con la Palabra de Dios. Así como el esposo y la esposa se unen en una sola carne, la fe se une a la promesa en eterno matrimonio.
Dado que la fe descansa en las promesas de Dios – promesas selladas con la sangre de Jesús-, una de las razones de la debilidad de la fe, es un desconocimiento de las promesas divinas. Las promesas, son el combustible que revigora la fe; sin ellas, no hay fuerza para avanzar. Muchos de nuestros temores, y nuestra falta de vigor a la hora de obedecer, se debe a que en vano busca la fe aquella promesa en la que apoyarse. Sabiendo la importancia de las promesas, los antiguos puritanos tenían aquellas famosas cajitas de promesas bíblicas (a las que muchos después han dado un mal uso). 
Sobre la importancia de las promesas, afirma Samuel Clark: “Una atención firme y constante a las promesas, y una firme creencia en ellas, resolvería el afán y la ansiedad acerca de los problemas de esta vida. Haría que la mente estuviese tranquila y serena ante cualquier cambio, y mantendría en alto el espíritu, desfalleciente bajo las presiones diversas de la vida... Los cristianos se privan de los más sólidos consuelos a causa de su incredulidad y olvido de las promesas de Dios. Porque no hay necesidad tan grande para la que no haya alguna promesa adecuada, y sobradamente suficiente para nuestro alivio.” 

jueves, 19 de febrero de 2015

"John Bunyan y la justicia de la fe"




Por Pedro B. Blois  

Aquí os comparto el testimonio del famoso predicador John Bunyan, cuando experimentó en su corazón la gloriosa verdad de la justificación por la sola fe. Nos cuenta en su biografía, sobre un largo período de una religiosidad vacía, después del cual conoció a gracia de la justificación: “Todo este tiempo desconocía a Jesucristo, y me ocupaba en establecer mi propia justicia, y hubiera perecido si Dios en su misericordia no me hubiera mostrado más que solamente mi miseria... La Biblia fue para mí algo preciado en aquella época”.
“Un día, cuando me adentraba en el tema… esta oración cayó sobre mi alma: “Tu justicia está en el cielo”. Y acto seguido, me pareció que vi con los ojos de mi alma a Jesucristo a la derecha de Dios; ahí, digo, está mi justicia; de manera que dondequiera que estuviera o hiciera lo que hiciera, Dios no podía decir de mí, “él carece de mi justicia”, pues ella esta de continuo ante Él. También vi que no fue la buena disposición de mi alma, la que mejoró mi justicia, ni la mala disposición la que hizo mi justicia peor, pues mi justicia era Jesucristo mismo: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (He.13.8). Ahora sí cayeron las cadenas de mis piernas. Quedé libre de mis aflicciones y de los grilletes,… entonces volví a mi casa lleno de gozo por la gracia y el amor de Dios” (John Bunyan, Grace Abounding to the Chief os Sinners, p.20).

miércoles, 12 de noviembre de 2014

"El clamor"



       




Por Pedro B. Blois.        

No exageramos al reconocer en el genuino clamor, el respirar de la fe cristiana. Allí donde hay un ruego sincero, fervoroso, de aquellos que nacen del alma, Jesucristo reconoce esa clase de fe que recibe lo que busca (Lc.18.35-43, 17.12-16; Mr.7.25-30). ¿Por qué el ruego, el clamor, es la expresión más profunda de la fe? Esto se debe a que, el que clama, reconoce con meridiana claridad, dos verdades fundamentales: La primera, “la multitud de sus miserias”; La segunda, “la infinita compasión de Jesucristo”. Lo explicamos a seguir.
No hay verdadero clamor, donde la miseria no es experimentada en alguna medida. El que clama, lo hace ante la amarga realidad de su falta, de su pobreza, del angustioso dolor de su alma. De ahí que el clamor exprese la fe, pues ella misma comienza allí, donde hay arrepentimiento, dolor por el pecado, por la infinita desdicha. Donde hay clamor, hay verdadera experiencia de arrepentimiento. 
Pero, en segundo lugar, no hay verdadero clamor, sin una dulce apreciación de Jesucristo. Por lo dicho en el punto anterior, uno puede pensar que el clamor es una expresión de la sola miseria. ¡Lejos de la verdad! El clamor nace allí, donde la miseria se encuentra con la más dulce esperanza; donde el pecador y Jesús, se besan. De donde, el que clama, aprecia en Jesucristo al Dios que se compadece, a Aquel que vino para salvar. El clamor es la inevitable explosión del encuentro entre las miserias del pecador, y la superabundante gracia de Jesús. Amigo, ¿conoces esta clase de clamor? .

lunes, 13 de octubre de 2014

VIVE CONFIADO EN EL PODER DE DIOS




John Piper     


La omnipotencia de Dios significa un refugio eterno e inamovible en su gloria eterna, sin importar lo que suceda en esta tierra. Y esa confianza es el poder de la obediencia radical al llamado de Dios.
¿Hay algo más liberador, más emocionante o más fortalecedor que la verdad de que el Dios Todopoderoso es tú refugio, todo el día, todos los días, en todas las experiencias ordinarias y extraordinarias de la vida?
Si creyésemos esto, si de verdad dejásemos que esta verdad de la omnipotencia de Dios se apoderase de nosotros...¡Qué diferencia supondría en nuestras vidas personales y nuestros ministerios! ¡Cuán humildes y poderosos nos volveríamos para los propósitos salvadores de Dios!
La omnipotencia de Dios significa refugio para el pueblo de Dios. Y cuando de verdad crees que tu refugio es la omnipotencia de Dios Todopoderoso, hay gozo y libertad y poder que salpica en una vida de obediencia radical a Jesucristo.
La omnipotencia de Dios significa reverencia, recompensa, y refugio para el pueblo de su pacto.
Te invito a aceptar los términos de este pacto de gracia: Vuélvete del pecado y confía en el Señor Jesucristo, y la omnipotencia de Dios Todopoderoso será la reverencia de tu alma, la recompensa por tus enemigos, y el refugio de tu vida. Para siempre.

sábado, 11 de octubre de 2014

"NUESTRO BIEN ES SU GLORIA"




John Piper      

Una objeción común al hedonismo cristiano es que pone los intereses del hombre por encima de la gloria de Dios, que pone mi felicidad por encima del honor de Dios. Pero, enfáticamente, el hedonismo cristiano no hace esto.
De seguro, los hedonistas cristianos nos proponemos buscar nuestro interés y felicidad con todas nuestras fuerzas. Suscribimos la resolución de Jonathan Edwards: "Resuelvo proponerme el obtener para mi mismo tanta felicidad en el otro mundo como pueda, con toda la potencia, poder, vigor, vehemencia y fuerza de la que sea capaz, y a la que pueda esforzarme, en toda manera que se pueda imaginar".

Pero he aprendido de la Biblia (y de Edwards) que el interés de Dios es magnificar la plenitud de su gloria que se desborda en misericordia hacia nosotros.
Por eso, la búsqueda de nuestro interés y felicidad nunca está por encima de Dios, sino siempre en Dios. La verdad más preciosa de la Biblia es que el mayor interés de Dios es glorificar la riqueza de su gracia a través de hacer que los pecadores sean felices en Él - ¡en Él!                                  

Cuando nos humillamos como niños pequeños y no tenemos aires de auto suficiencia, sino que corremos con felicidad al gozo del abrazo con nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma es satisfecho. Nuestro interés y su gloria son uno. Por eso, los hedonistas cristianos no ponen su felicidad por encima de la gloria de Dios cuando buscan su felicidad en Él.
 

martes, 24 de junio de 2014

SOMOS HIJOS DE DIOS




“Mirad cuan amor nos ha dado el Padre”.  Si consideramos lo que hemos sido y lo que todavía somos cuando la corrupción muestra en nosotros su funesto poder, nos admiraremos de que Dios  nos haya adoptado como hijos.  Sin embargo, esa es la verdad, pues el pasaje dice que somos llamados hijos de Dios. ¡Que sublime relación  es la de un hijo y que privilegio entraña! ¡Que cuidado y que cariño el hijo espera de su padre y que amor el padre siente para con su hijo! Pero nosotros, por medio de Cristo, tenemos todo eso y mucho más. En cuanto a los momentáneos sufrimientos que compartimos con nuestro Hermano Mayor, los aceptamos como un honor. “El mundo no nos conoce porque no lo conoce a El”. Nos alegramos de ser juntamente con Jesús, desconocidos en su humillación, pues sabemos que juntamente con él habremos de ser exaltados.
“Amados, ahora somos hijos de Dios”. Es fácil leer esto, pero no es fácil sentirlo. ¿Cómo se halla tu corazón esta mañana? ¿Se halla en la profundidad de la aflicción? ¿la corrupción se levanta dentro de su espíritu y la gracia se asemeja a una pobre chispa pisoteada bajo los pies? No temas,  tú no tienes que vivir de tus dones ni de tus sentimientos, solo debes vivir por fe en Cristo. Aunque todo nos sea contrario, aunque estemos en la profundidad de la aflicción, ya que estemos en la montaña o en el valle, el pasaje dice que “ahora somos hijos de Dios”. “Pero-dices tú- yo no estoy bien ataviado, mis dones no se destacan y mi justicia no brilla esplendorosamente”. Hermano, lee otra vez el texto : “Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando Él apareciere seremos como El es”. El Espíritu Santo purificara nuestras mentes con el poder divino perfeccionara nuestros cuerpos, y entonces lo veremos como El es.      

Spurgeon    

lunes, 3 de marzo de 2014

SOMOS HIJOS DE DIOS








“Mirad cual amor nos ha dado el Padre”. Si consideramos lo que hemos sido y lo que todavía somos cuando la corrupción muestra en nosotros su funesto poder, nos admiraremos de que Dios nos haya adoptado como hijos. Sin embargo, ésa es la verdad, pues el pasaje dice que somos llamados hijos de Dios. ¡ Que sublime relación es la de un hijo y que privilegio entraña! ¡Que cuidado y que cariño el hijo espera de su padre y que amor en padre siente para con su hijo!  Pero nosotros por medio de Cristo, tenemos todo eso y mucho mas. En cuanto a los momentáneos sufrimientos que compartimos con nuestro Hermano Mayor, las aceptamos como un honor. “El mundo no nos conoce porque no le conocen a El”. Nos alegramos de ser, juntamente con Jesús, desconocidos en su humillación, pues sabemos que juntamente con él habremos de ser exaltados.
“Amados ahora somos hijos de Dios”. Es fácil leer esto pero no es fácil sentirlo. ¿Cómo se halla tu corazón esta mañana?¿se halla en la profundidad de la aflicción? ¿la corrupción se levanta dentro de tu espíritu y la gracia se asemeja a una pobre chispa pisoteada bajo los pies? No temas, tu no tienes que vivir de tus dones ni de tus sentimientos, solo debes vivir por fe en Cristo.  Aunque todo nos sea contrario, aunque estemos en la profundidad de la aflicción, ya estemos en la montaña o en el valle, el pasaje dice que ahora somos hijos de Dios. Pero- dices tú- yo no estoy bien ataviado, mis dones no me destacan y mi justicia no brilla esplendorosamente. Hermano lee otra vez el texto: “Aun no se ha manifestado lo que hemos de ser, peros sabemos que cuando él apareciere, seremos como es él”. El Espíritu Santo purifica nuestras mentes y el poder divino perfeccionará nuestros cuerpos y entonces le veremos como es él.

SPURGEON

lunes, 25 de noviembre de 2013

Misericordia inagotable

Por C.H.Spurgeon

Medita un poco en esta misericordia de Dios. Es una misericordia tierna. Con una toque suave y cariñoso como al quebrantado de corazón y venda sus heridas. Dios se muestra tan bondadoso en su modo de comunicar su misericordia en sí. En Dios no hay nada pequeño; su misericordia es como Él: infinita. No la puedes medir. Su misericordia es tan grande que perdona grandes pecados a grandes pecadores, luego da grandes favores y grandes privilegios y nos eleva a grandes goces. Es una misericordia inmerecida, como lo son todas, pues misericordia merecida es solo un nombre equivocado de justicia. El pecador o tiene derecho a la afectuosa consideración del Altísimo. Si el rebelde hubiese sido condenado al fuego eterno, habría merecido la condenación, pero si es librado de la ira, como en efecto lo es, solo el soberano amor pudo hacerlo, pues en el pecador no había nada bueno. Es también una misericordia rica. Algunas cosas son grandes, pero tienen en si poca eficiencia. Esta misericordia, en cambio, es un reconfortante para tu abatido espíritu en unguento para tus heridas, un vendaje celestial para tus huesos quebrantados, una carroza real para tus cansados pies, un pecho de amor para tu tembloroso corazón. Es ésta una misericordia múltiple. Como dice Bunyan: "Todas las flores del jardín de Dios son dobles". No hay misericordia sencilla. Quizás creas poseer una sola misericordia, pero descubrirás que tienes un racimo entero de ellas. Es una misericordia abundante. Millones la han recibido; y lejos de estar agotada, están tan nueva, tan completa y accesible como siempre. Es una misericordia segura. Nunca te dejará. Si la misericordia es tu compañera, estará contigo en la tentación, en las pruebas, en la vida y en la muerte, para ser el gozo de tu alma, cuando e bienestar de esta vida termine.

martes, 19 de noviembre de 2013

Esperanza

C.H. Spurgeon


El Señor Jesús prescribió la oración y el ayuno como medios para unirnos a un poder más grande que somos llamados a poseer. Y la iglesia de Dios sería mucho más fuerte para luchar con esta era maligna si acogiera más estos medios. La oración nos une al cielo; el ayuno nos separa de la tierra. La oración nos lleva a  la casa de banquetes de Dios; el ayuno nos libera de nuestro afecto por el pan que perece. Cuando los creyentes llegan a los niveles más altos de vigor espiritual, entonces están en capacidad, de echar fuera demonios por el Espíritu Santo que obra en sus vidas y que de otro modo se reirían de ellos con desdén. Pero a pesar de todo, siempre existirán  esas dificultades como montañas que requieren la intervención y ayuda directa del Maestro. Todo el infierno confiesa la majestad de su poder y el esplendor de su deidad.
Permítame suplicarle que  recuerde que Jesucristo todavía está vivo. Esta es una verdad muy sencilla pero necesitamos que se nos recuerde constantemente. A menudo estimamos el poder de la iglesia mirando el poder de sus ministros y sus miembros, pero su poder no radica en ellos sino en el Espíritu Santo y en el Salvador que vive para siempre. Jesús está tan vivo y activo hoy como cuando aquel padre angustiado y ansioso le llevó a su hijo. Nosotros no tenemos el poder para realizar milagros ni naturales ni espirituales. Pero Cristo si tiene el poder de obrar cualquier tipo de prodigio, todavía puede está deseoso de efectuar milagros espirituales. Yo me deleito pensando en mi Cristo vivo a quien le puedo llevar cada dificultad que le ocurre a mi alma o la de otras personas.
Recuerde también que Jesús  vive en una posición de autoridad. Todo el infierno confiesa la majestad de su poder y el esplendor  de su deidad. No existe demonio, por fuerte o poderoso que sea, que no tiemble ante Él. Y Jesús es el Señor de los corazones y de las conciencias. No existe, no puede existir, un caso  que sea demasiado difícil para Él. ¿Es Cristo incapaz de salvar, o existen enfermedades tan difíciles que el gran Médico no pueda curar? ¡jamás puede ocurrir! ¿Cristo superado por satanás y el pecado?  ¡Imposible! Él rompe los cerrojos y las puertas de hierro y pone los cautivos en libertad

domingo, 7 de julio de 2013

El alimento de nuestra alma




Si Dios así lo dispusiera, podríamos vivir sin pan, como Cristo vivió durante cuarenta días; pero nunca podríamos vivir sin su Palabra. Por esta Palabra fuimos creados, y sólo por ella seremos guardados, porque Él sostiene todas las cosas con la fuerza de su Palabra de su potencia. El pan es la causa segunda, y el Señor la causa primera de nuestra existencia. Tanto puede obrar sin la segunda como con ella, y no tenemos derecho a poner límites a su obra.
No nos afanemos excesivamente por las cosas visibles; miremos al Dios invisible. Hemos oído decir a algunos creyentes que en los días de extremada pobreza, o cuando escaseaba el pan, disminuía su apetito; y otros me han asegurado que cuando faltaban los medios de vida, el  Señor les socorría inesperadamente.
Sin embargo, nos es necesaria la Palabra de  Dios. Con ella podemos resistir al diablo. Si nos la arrebatan, pronto caeremos en poder del enemigo, porque nos faltarán las fuerzas. Nuestras almas necesitan alimento, y fuera de la Palabra del Señor no puede haberlo. Todos los predicadores y libros del mundo no pueden proporcionarnos una sola comida: sólo la palabra de la boca de Dios puede nutrir al creyente. Señor, danos siempre este pan. Lo apreciamos más que todos los deleites de una mesa regia.

martes, 2 de julio de 2013

¡ VEN !


El clamor de  la religión cristiana está encerrado en esta dulce palabra: “ven”. La lay judaica dice duramente, “ven y mira bien por donde caminas, si quebrantas los mandamientos, perecerás, si los guardas, vivirás”. La ley era una dispensación de terror que atraía a los hombres con castigos, pero el Evangelio los atrae con cuerdas de amor. Jesús es el buen pastor que va delante rogando a las ovejas que lo sigan y atrayendolas con esta dulce invitación , “ven “.  La lay aleja, el Evangelio atrae. La ley muestra la distancia que hay entre Dios y el hombre, el Evangelio pone un puente sobre aquel espantoso precipicio y persuade al pecador a que lo cruce. Desde el comienzo de tu vida espiritual hasta que entres en la gloria, Cristo te dirá, “ven, ven a mi”. Jesús es como una madre que extiende su dedo a su hijito y lo invita a caminar diciéndole, ven. El siempre va delante de ti, rogándote que lo sigas como sigue el soldado a su capitán. Jesús  ira siempre delante de ti para abrirte el camino y quitar los estorbos de tu sendero, u tu oirás su animadora voz que te invita a seguirlo por toda la vida. Y en la solemne hora de la muerte, éstas serán las dulces palabras con las que te introducirá en el mundo celestial, “ven, bendito de mi Padre”
Aun mas, esta invitación que él te hace a ti, será la que tu le hagas él, “ven, ven”. Tu anhelaras su segunda venida, dirás continuamente “ven presto, Señor Jesús”, ansiarás tener una comunión mas intima con El. Cuando su voz te diga, ven, tu le responderás, ven Señor, habita en mi, ven , ocupa tú solo el trono de mi corazón, reina en él sin rival, y consagrame por completo a tu servicio


SPURGEON

martes, 25 de junio de 2013

VIVE ANHELANDO LA GRACIA DE DIOS

Acerca del "poder" se dice que "ningún poder dura mas de 10 años". Y sobre la riqueza, se dice que nunca dura más de tres generaciones. Pero en el caso de la Familia Medici, que en su época fueron los más ricos del mundo, gozaron de las riquezas por mas de 200 años. Y considerando que una generación tiene un , promedio de 30 años, la riqueza  duro 7 generaciones para esta familia. Quizás ellos pensaban que  les duraría por la eternidad, pero luego de 200 años, la familia desapareció por completo.
El hombre es un ser con límites. Muchos economistas consideran que el promedio de vida de una empresa exitosa es de 30 años. El tiempo de nuestra vida puede acortarse, pero lo más importante es si podemos superar nuestras limitaciones. Esto es lo que tratará de impedir nuestro avance. Lo único que necesitamos, cuando se levantan muros delante de nosotros, es la gracia de Dios. Cuantas más limitaciones reconozcamos, mayor será la humildad con la que actuaremos. Si supiéramos que entre hoy y mañana partiremos de este mundo, dejaríamos de ser tan orgullosos. Conocer nuestras propias limitaciones nos ayuda a mantenernos en humildad. Nunca podremos correr sin limites de velocidad. Tenemos  que buscar la gracia de Dios en todo momento, sea en tiempos de felicidad, como en tiempos de problemas y críticas.

Devocional: "Tiempo con Dios"

lunes, 10 de junio de 2013

RAPIDO Y SENCILLO

Por Pedro Blois


Creo que uno de los mayores males de la presente generación es la pereza intelectual. Así como en otras esferas de la vida, lo queremos todo rápido y sencillo. Ni bien se nos presenta una cuestión que exija algo más de esfuerzo mental, preferimos cambiar de canal y relajarnos en el sofá. Esta actitud trae consigo trágicas consecuencias. Con facilidad somos presa de la terquedad (amiga de la ignorancia), de la manipulación, del dolor, y del ridículo. Pero peor que todo lo anterior, es considerar que Dios nos ha hablado en un Libro, y que la pereza intelectual nos aleja de su Libro.
¿Habéis considerado alguna vez el por qué de Dios hablarnos en un Libro? Además, ¿pensasteis en la razón por la que ese Libro tiene cuestiones difíciles de resolver?  Sé que damos mucho énfasis a que el mensaje central de la Biblia es tan sencillo, que está al alcance de los más pequeños. Esto es verdad; pero también es cierto que hay enormes complejidades en la Biblia, y aún sus principios más básicos son insondables para el saber. La sola existencia de las Escrituras, es como un tronar desde el cielo con la voz de Dios, diciendo: ¡piensa! ¡Piensa! ¡Adquiere sabiduría!
Como buen Padre, Dios sabe cómo educarnos. Él sabe qué necesitamos para nuestro desarrollo, y plena felicidad. Él nos da un Libro, y uno con dificultades, para que experimentemos el deleite de crecer en sabiduría.  Solía decir Spurgeon que las flores se recogen a ras del campo, pero los tesoros, en las profundidades de la tierra. Gloria a Dios por aquellas verdades que danzan en la superficie, pero quiera Él hacernos fuertes para alcanzar aquellas reservadas para el que, con pico y pala, medita. Conocimiento de Dios, madurez espiritual, y fruto que permanece, pertenecen a aquellos que no desprecian la sabiduría, sino que con determinación, corren tras ella.

lunes, 3 de junio de 2013

PUESTOS LOS OJOS EN JESUS

Es siempre obra del Espíritu Santo el apartar nuestros ojos de nosotros mismos para ponerlos en Jesús, pero la obra de Satanás es diametralmente  opuesta a ésta, pues él está continuamente procurando que nos miremos a nosotros mismos en lugar de que miremos a Cristo. Satanás  nos dice: “tus pecados son demasiados grandes para ser perdonados,  tú no tienes fe, no experimentas sincero arrepentimiento, no podrás perseverar hasta el fin. Tú no tienes el gozo que sus hijos tienen y eres inconstante”. Todas estas consideraciones se dirigen al propio individuo y nosotros nunca hallaremos consuelo o seguridad si miramos allí. Pero  el Espíritu Santo aparta enteramente de allí nuestros ojos. Él nos dice que no somos nada, pero que “Cristo es todo en todos”.
Recuerda, por lo tanto, que no es tu adhesión a Cristo lo que te salva, sino Cristo mismo, no es tu gozo en Cristo lo que te salva, sino Cristo; no es ni aun tu fe en  Cristo (aunque la fe es el medio), es más bien la sangre de Cristo. Por lo tanto, no mires a la mano con la que te tomas de Cristo, sino a Cristo mismo; no mires a tu esperanza, sino a Jesús, la fuente de tu esperanza; no mires tu fe, sino a Jesús, el autor y consumador de la fe. Nunca hallaremos felicidad por mirar a nuestras oraciones, a nuestras obras o a nuestros sentimientos. Es lo que Jesús es, no lo que nosotros somos, lo que da descanso al alma. Si queremos vencer en seguida a Satanás y tener paz con Dios, tenemos que mirar a Jesús. Pon tus ojos únicamente en Él. Que su muerte, sufrimientos, méritos, glorias y su intercesión  se conserven frescos  en tu mente. Cuando te despiertes a la mañana, míralo a Él. No permitas que tus esperanzas o temores se interpongan entre ti y Jesús.                            
Síguelo  diligentemente y Él nunca te dejara.      

lunes, 20 de mayo de 2013

NECESITAMOS EL ESPIRITU SANTO



Por Pedro Blois

Quiero que meditemos brevemente en tres lecciones extraídas de la venida del Espíritu Santo sobre Jesús en su bautismo, en la inauguración de su ministerio público. La primera, es que todo el ministerio de Jesús fue realizado en la plenitud y el poder del Espíritu Santo. Como hombre, Jesús cumplió la misión del Padre por el poder del Espíritu. ¿Cuánto más nosotros no deberíamos pedir la presencia y ayuda del Espíritu Santo? Es imposible vivir la vida cristiana, y hacer la obra del ministerio, aparte del precioso Consolador.
En segundo lugar, en la Persona de Jesucristo, apreciamos el infinito manantial del que fluye el Espíritu. El Espíritu Santo de Dios viene, llena, y actúa, en la vida de aquellos que descansan confiados en Jesús. No existen pases de magia, ni oraciones misteriosas, por las que seamos investidos de poder. La preciosa Persona del Espíritu Santo viene por medio de la fe en Cristo. Dónde hay un hombre o una mujer que se gozan en el glorioso Salvador, allí está el Espíritu Santo.
En tercer lugar, en la Persona de Jesucristo, vemos cómo es alguien  que vive en la plenitud del Espíritu. Dependiendo de nuestro énfasis bíblico, y de nuestras propias vivencias con Dios, podemos tener determinados conceptos de cómo luce alguien lleno del Espíritu Santo. Unos piensan en quietud y reverencia; otros en denuedo y poder; otros, en la manifestación de dones sobrenaturales; a otros les viene a la mente la ternura y la condescendencia. Pero al considerar a Jesucristo, tenemos la medida exacta de un hombre lleno del Espíritu Santo – todas estas cualidades, y otras, en perfecta armonía. Y hermanos, la preciosa noticia es que el Espíritu Santo viene a hacernos más como Cristo. ¡Oremos por la plenitud  del Espíritu Santo!

lunes, 25 de marzo de 2013

FIRMES CONVICCIONES


Por Pedro Blois





Vivimos tiempos de gran aversión a las firmes convicciones. Es considerada una muestra de terrible arrogancia afirmar alguna cosa como certísima Solamente las mentes estrechas y anticuadas pueden decir: “esto es verdadero, y aquello falso”. Los grandes profetas del pasado, y aún nuestro Señor Jesucristo, serían tachados de retrógradas peligrosos – verdaderas amenazas a la paz social. El hombre correcto es aquel que carece de toda convicción,  y busca la concordia del sentimentalismo superficial. 
Lo peor de todo, es que el espíritu de nuestra época ha penetrado con fuerza en la Iglesia Occidental. Las gentes se sienten cómodas con discursos ambiguos y superficiales, en los que se enfatiza una clase de amor y unidad que nada dice sobre la verdad. Hermanos, esta es una forma ingenua de pensar; no tiene en cuenta la constitución humana, y mucho menos a Dios y su Palabra. El hombre, por naturaleza, actúa conforme a sus convicciones y deseos más profundos. Por lo tanto, la unidad que no se basa en la verdad, es como la espuma de las olas del mar, en breve se disipa.    
 El cristiano es un hombre de firmes convicciones. Ama proclamar la verdad, y se somete gozoso a las Escrituras. No tiene temor de decir que algo es verdadero, “porque el Señor lo ha dicho”. Lejos de considerarlo “estrechez de pensamiento”, lo considera lo más racional, coherente, y lógico que un hombre pueda decir. El cristiano conoce y se deleita en la verdad, y llama a los hombres a conocerla y deleitarse juntamente con él, pues sabe que sólo en ella hay verdadero amor y unidad.
Queridos hermanos, seamos un baluarte y estandarte de la verdad; instemos a los hombres a acudir “a la Ley y al testimonio”, porque a nosotros ciertamente “nos ha amanecido” (Isaías 8.20).  

martes, 20 de noviembre de 2012

Dios que sacia y llena el alma

Porque sacia al alma menesterosa. Y llena de bien al alma hambrienta Salmo 107:9 Bueno es tener deseos, y cuanto más fervientes sean, mejor. El Señor saciará los deseos del alma, por grandes que sean, y por mucho que nos preocupen. Deseamos muchos y Dios dará en abundancia. Nuestro estado de ánimo nunca estará en equilibrio mientras estemos contentos con nosotros mismos y nos sintamos libres de deseos. Esta sed de mayores gracias, estos gemidos indecibles, señales son de crecimiento, y nuestro anhelo debería ser sentirlos con mayor intensidad. ¡Espíritu bendito, haz que suspiremos y clamemos por cosas mejores! El hambre no es una sensación agradable. Sin embargo, son bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. Estas almas no sólo serán aliviadas, sino también saciadas. No se saciarán con un alimento ordinario, sino que su comida será digna de su Señor, porque serán saciadas por el mismo Dios. Venid, no os entristezcáis porque haya heladas y venga el hambre. Oigamos la voz del Salmista cuando desea y ansía ver a Dios engrandecido. «Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres».

jueves, 8 de noviembre de 2012

Los medios son en sí mismos , enteramente inútiles

"Boga mar adentro y echad vuestras redes para pescar" Lucas 5:4 De este relato aprendemos que necesitamos la mediacion humana. La pesca de peces fue milagrosa, sin embargo, ni el pescador, ni el barco, ni la red, fueron pasados por alto; todo fue usado para conseguir peces. Así también, para salvar almas. Dios usa medios ; y mientras la presente dispensación de gracia, Dios se complacerá en salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Cuando Dios obra sin emplear medios, es sin duda glorificdado, pero sin embargo, Él es muy magnificado sobre la tierra. Los medios son en sí mismos enteramente inútiles. " Maestro, habiendo trabajado toda la noche ,nada hemos tomado". ¿Por qué? ¿No desempeñaban bien su oficio de pescadores? En verdad ellos no eran novicios, conocían el trabajo. ¿Emprendieron sin maña su labor? No ¿Les faltó diligencia? No; ellos habían trabajado toda la noche. ¿Había en la mar escasez de peces? Por supuesto que no, pues en cuanto vino el Maestro una gran multitud de ellos entró en la red. ¿Por qué entonces no habían pescado en toda la noche? Porque los medios en sí sin la presencia de Jesús no vale nada. "Sin Él nada podemos hacer". Pero con Jesùs lo podemoa hacer todo. La presencia de Cristo nos dá éxito. Jesús se sento en el barco de Pedro y su voluntad por, una influencia misteriosa, atrajo los peces a la red. Cuando Jesús es exaltado en su iglesia, su presencia consituye el poder de la misma; la aclamación de un rey está en medio de ella. "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos traeré a mí mismo." Salgamos esta mañana a pescar almas, mirando arriba con fe y en derredor nuestro con solemne ansiedad. Trabajemos hasta que llegue la noche; y no lo haremos envano, pues el que nos manda echar la red la llenará de peces. LECTURAS MATUTINAS (SPURGEON)