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jueves, 8 de diciembre de 2016

Afirma tu corazón en el evangelio


“No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas.” (Hebreos 13:9)
El escritor de la Epístola a los Hebreos, terminando ya su carta, nos recuerda la imperiosa necesidad de afirmar el corazón en la gracia del evangelio, y no en la religión que confía en la ley. Sus destinatarios, el pueblo judío que había aceptado a Jesús, era ahora fuertemente tentado a perder dicho enfoque, apoyándose en normas sobre qué alimentos o “viandas” debían comer y cuáles no, abrazando así una justicia religiosa, muy insuficiente en comparación con la justicia que Cristo nos ofrece, y que al mismo tiempo Dios nos demanda.
Por otro lado, el autor era muy consciente del terrible peligro que estas enseñanzas entrañaban, las cuales eran capaces de mantener el corazón completamente confiado a pesar de estar apoyado en una enseñanza hueca, cuya obediencia no aportaba beneficio alguno, lejos de la salvación que Dios había provisto. Cualquier religión, incluyendo la que se presenta como “cristianismo”, en este sentido, es un veneno mortal para el corazón, el cual permanece ajeno al engaño de sus falsas promesas.
Hoy en día necesitamos afirmar igualmente nuestros corazones en el evangelio. Cualquier otro lugar en donde el corazón se apoye nos aleja de Dios y de su gracia. El evangelio es la noticia de que Dios, única y exclusivamente a través de Jesús, vuelve a tener comunión con nosotros a pesar de nuestro pecado. El mensaje de que Dios nos salva, no por lo buenas personas que podamos llegar a ser, sino por la obediencia y la sangre de Jesús. ¡Necesitamos meditar en las verdades del evangelio que la Palabra nos presenta hasta que nuestros corazones se establezcan firmemente en él, siendo así transformadas nuestras vidas!
Por Carlos Vela

miércoles, 30 de noviembre de 2016

"Un libro asombroso"

Por  Carlos Vela

“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Sal 119:18). En esta oración el salmista está rogándole a Dios que le permita ver y deleitarse en las “maravillas” que se encuentran en su Palabra. Pero, ¿a qué se refiere el salmista con el término “maravillas”? En base a su definición dicho término se utiliza para describir algún suceso o caso extraordinario que es capaz de desencadenar nuestra admiración.
Lo cierto es que la Palabra de Dios debería maravillarnos el tiempo entero. La Biblia nos presenta el hecho más extraordinario jamás contado, el Dios omnipotente y eterno, creador del universo, toma nuestra forma para entonces obedecer completamente sus propias demandas y morir en nuestro lugar, rescatándonos así del problema que tiene a toda la humanidad muerta y sin esperanza, el pecado. Sin embargo, la más triste realidad es que, frecuentemente, cuando leemos su Palabra, nuestros corazones experimentan de todo menos admiración y asombro.
El salmista sabía por un lado, que el problema de ello no residía en el libro que tenía delante, sino en que, a causa de su propio pecado, los ojos de su corazón permanecían cerrados delante de tan asombrosas verdades; por otro, creía firmemente que Dios podía mostrarle la gloria de la persona y la obra de Jesús a través de su Palabra, despertando una profunda admiración hacía Él. ¡Hermano, cada vez que te acerques a la Palabra ora para que el Espíritu de Dios abra tus ojos para maravillarte de Cristo, no existen verdades más asombrosas en ningún otro libro!

viernes, 21 de octubre de 2016

¡Aprecia y cuida tu alma!



En cierta ocasión el Señor Jesús tuvo que reprender a Pedro porque éste le invitaba a sortear la cruz y evitar así dicho sufrimiento (Mt 16:23). Poco después lanzó a sus discípulos las siguientes preguntas: ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mt 16:26).
Jesús, con estas cuestiones, quiere hacernos reflexionar sobre si realmente merece la pena desatender, y consecuentemente perder, nuestra alma, con el fin de poder alcanzar cualquier otra cosa, por muy valiosa que sea.
La respuesta a la luz de la eternidad es rotunda, no cambies tu alma por absolutamente nada, aunque te puedan ofrecer el mundo entero. Pero, ¿cómo puedo entonces evitar cometer semejante absurdo y dramático error?
Justo antes, Jesús nos llama a entregar nuestra propia vida por causa de Él, para así precisamente poder salvarla (Mt 16:25). Entrega tu vida a Cristo, dedica tiempo personal a estar con Él, a conocerle a través de la oración y la Palabra, y a servirle allá donde Él te pone. No hay mayor tragedia que la de entregar nuestra alma por ganar las cosas de este mundo, pero tampoco hay mayor acierto que el salvar nuestra alma al entregar nuestras vidas a Cristo. ¡No te dejes engañar y cuida tu alma llevándola a los pies del Señor Jesús!

jueves, 16 de junio de 2016

"La vida se hizo presente"

Por Pedro Blois  

“… porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó” (1 Juan 1.2). En este versículo Juan hace referencia a Jesucristo como “la vida” y “la vida eterna”. Jesucristo es esa vida eterna que se hizo presente, que vivió y caminó entre los hombres. Pero, ¿a qué se refiere Juan con el término “vida”? ¿Cómo entenderlo? Comencemos por decir que no se trata de la mera existencia biológica. ¡Eso Juan lo conocía antes de ver a Jesucristo! No, nada de eso…
Para Juan, vida es comunión con Dios, verdadero conocimiento y deleite en Dios. Eso es lo que Jesucristo disfrutaba con el Padre desde antes del principio de los tiempos – Él estaba “cara a cara” con el Padre. Cuando Juan veía a Jesucristo, él veía “vida”, una clase de vida superior, algo ante lo que la mera existencia era muerte, sombra y oscuridad. Y es esta vida – verdadera comunión con Dios – la que Jesús otorga a todos aquellos que creen en Él. 
Como canta el salmista: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. Salmos 16.11

miércoles, 8 de junio de 2016

"Este es el verdadero Dios, y la vida eterna"


Por Pedro B. Blois  

El cristiano no conoce a Dios si no es en Jesucristo. Él es verdadero Dios y vida eterna (1 Juan 5.20). Es en la encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, que conocemos a Dios. Jesucristo es la Palabra eterna de Dios – quien siempre ha estado con Dios y es Dios – que se hizo hombre. Los cielos cuentan la gloria de Jesucristo, las estrellas nos hablan de su grandeza y poder. Todas las cosas fueron creadas por Él, y Él las sustenta con la palabra de su poder.
El cristiano sabe que, cual sea el concepto de una persona acerca de Jesucristo, ese es su concepto de Dios. No conocemos a un dios en abierto, un dios ambiguo, al dios de las religiones. Nada de eso. Conocemos al Padre tal y como se ha revelado en Hijo. Creemos y descansamos firmemente en las palabras del Señor, cuando dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14.6b Ciertamente: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” Juan 14.9.b.

viernes, 6 de mayo de 2016

"El que persevere"

Por Pedro Blois  

Es de todos sabido que creo firmemente que la salvación no se pierde. ¿Cómo podría perderse algo que nos es otorgado por la sola gracia de Cristo, y que se sostiene por el sólo poder de Dios? La Escritura es clara al afirmar que estamos firmes en la justicia de Jesucristo… Pero, entonces, surge la pregunta: si la salvación no se pierde, ¿es de verdad importante todo este asunto de perseverar hasta el final? ¿Es importante mi perseverancia en la fe? La respuesta es: ¡sí! Es crucial, importantísimo. 
Jesús nos advierte una y otra vez que solamente los que perseveren hasta el final serán salvos (Mt.10.22, 24.13; Lc.21.19; Ap.10.13, 14.12); dando a entender con ello que muchos se quedan por el camino. Mi perseverancia es fundamental. Si bien es cierto que el santo persevera, el verdadero creyente llega hasta el final, esto de ninguna manera anula la solemne advertencia a que pongamos todo nuestro empeño en perseverar. 
Amigo, si no perseveras, por muy extraordinaria que haya aparentado tu fe hasta el momento, serás condenado. No des tregua a tu corazón. Aliméntate de la Palabra, ora, y lucha contra el pecado, y vive en santidad. 

jueves, 11 de febrero de 2016

"Un tesoro de valor incalculable"

Por Carlos Vela     

En cierta ocasión Jesús se refirió al reino de los cielos como un tesoro escondido, que al ser descubierto por un hombre, éste lo volvió a esconder para posteriormente vender gozosamente todo lo que tenía, y así poder comprar aquel campo que contenía el tesoro que tanto deseaba (Mt 13:44). La única razón para poder justificar su comportamiento fue la de ver en aquel tesoro un valor mucho mayor que todo lo demás que poseía. No hubo tristeza ni dudas, solamente gozo.

Cuando realmente una persona se encuentra con Cristo, el mayor tesoro inimaginable, su supremo valor produce por un lado la irrupción de un gozo infinito que inunda el alma, por otro, el estimar todo lo demás como poco al compararlo con Él.

¿Has apreciado el incalculable valor de la persona y de la obra de Cristo? Oremos para que Dios abra nuestros ojos aún más y poder ser conscientes del supremo valor de Cristo, trayendo a nuestra vida un gozo renovado que se desprende de cualquier ídolo que esté compitiendo contra Él en nuestros corazones. ¡Señor, muéstranos tu valor, muéstranos tu gloria!

jueves, 4 de febrero de 2016

"Las misiones importan"

Pedro B. Blois.    

¿Por qué importan las misiones? Las misiones importan porque la gloria de Dios importa. Lo más importante en la salvación de las naciones – como en todas las cosas de este vasto universo – es la gloria de Dios. Y no hay otro lugar en el que la gloria de Dios se vea con mayor fulgor que en la salvación de las más diversas naciones y culturas de la Tierra. Las misiones importan porque la obra de Jesús en la cruz importa. Jesucristo murió y resucitó de entre los muertos para rescatar a hombres y mujeres de todo pueblo, tribu, lengua y nación. Si apreciamos la sangre que fue derramada, entonces clamaremos por las misiones.
Las misiones importan porque la Iglesia importa. El pueblo escogido de Dios es un pueblo de muchas razas, idiomas y culturas. Jesús vino a buscar a una Novia muy diversa y por eso las misiones importan. Las misiones importan porque las gentes son importantes. El Padre amó al mundo, y Jesucristo vino a buscar lo que se había perdido. Ciertamente un alma vale más que el mundo entero. Por eso, ¡las misiones importan! Querida iglesia, que en esta conferencia nuestros corazones sean encendidos ante la belleza y relevancia de la tarea que Dios ha puesto en nuestras manos. Que podamos salir de este lugar con un deseo renovado por la proclamación del evangelio en cada rincón de esta Tierra.

viernes, 22 de enero de 2016

¡Mira a Cristo! ¡Medita en su Palabra!


Por Pedro B. Blois        

Hace unos días estaba aconsejando a una persona que estaba pasando por graves problemas familiares. Después de una serie de consejos bíblicos aplicados a la situación, llegó el momento de decirle lo que todo pastor termina diciendo en una consejería bíblica: “hermano, ¡tienes que mirar a Cristo!”. La dificultad la enfrenté cuando esta persona me respondió: “¿Y cómo miro a Cristo?”. Le di una respuesta razonable a su pregunta, pero salí del lugar meditando en esta cuestión: ¿Cómo miramos a Cristo? ¿Qué significa en nuestros días poner nuestros ojos en el Señor? ¡Considerando que Él está sentado en su Trono en el Cielo!

En 2 Corintios 3.18 leemos: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” Aquí el apóstol Pablo nos habla de ver la gloria del Señor, de mirar a Cristo como en un espejo. Pero, ¿cómo lo hacemos? ¿Dónde está ese espejo? En todo el contexto de este versículo el apóstol nos está hablando de la Escritura – tanto del Antiguo como del Nuevo Pacto. Pablo nos dice que si queremos ver a Cristo, lo veremos en su Palabra. Decir que debemos mirar a Cristo, es lo mismo que decir: ¡Considera la Palabra, medita en ella, tenla en tu mente y corazón! Cuando nos acercamos a la Palabra, el Espíritu Santo de Dios nos permite ver la gloria de Cristo, y nos hace a cada día más parecidos a Él. Por eso hermano, ¡mira a Cristo! ¡Medita en su Palabra!

viernes, 18 de diciembre de 2015

"La centralidad del gozo"

Por Carlos Vela


“Estad siempre gozosos” (1 Ts 5:16). El apóstol Pablo termina su primera carta a los tesalonicenses con varias exhortaciones, entre ellas sorprende la de estar siempre con gozo. En un principio pudiera parecer que el gozo en la vida cristiana es solamente una opción, la Palabra nos enseña que es un mandato. Pablo, en su carta a los filipenses lo deja muy claro, “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Fil 4:4). 
El gozo, por tanto, no es un complemento opcional a nuestra obediencia a Dios, no debemos de pensar en él como un “extra” que puede o no estar, sino como un elemento indispensable para responder al llamado de Dios sobre nuestras vidas, que no es otro que el de encontrar en Él una fuente de interminable gozo y deleite. ¿Estás regocijándote en el Señor, o por el contrario estás viviendo una vida religiosa en cuya obediencia no hay gozo? El evangelio nos presenta al Cristo que vivió y murió en nuestro lugar otorgándonos comunión con Dios. ¡Regocíjate en el Señor, deléitate en Él!

jueves, 10 de diciembre de 2015

"Mente y corazón "


Por Pedro B. Blois      

Dios nos ha creado con una mente y un corazón – estas son las dos principales facultades del alma. 
Y el propósito de Dios es que podamos amarle y servirle con ambas, con todo nuestro ser interior. Amamos a Dios con nuestras mentes cuando nos sometemos a su Palabra en temor reverente, y nos adentramos a ella en una reflexión profunda y sincera. Meditamos en su Palabra para conocer a Dios, conocer su obra redentora, pero también para que este conocimiento gobierne nuestra visión de todo lo creado – familia, trabajo, ciencias, gobierno, etc. De esta manera, nuestras mentes llegan a ser verdaderos instrumentos para la gloria de su Nombre. 
Y al glorificar a Dios con nuestras mentes, recordamos que el propósito de toda reflexión es adoración – que la reflexión debe promover en el corazón afectos santos, debe llevarnos a deleitarnos en Dios. En palabras del célebre teólogo Jonathan Edwards: “Cuando aquellos que ven la gloria de Dios se deleitan en ella (corazón), Dios se glorifica más que si sólo la vieran (mente)…”. De modo que la mente debe servir al corazón - ¡pensamos en Dios, para adorar y deleitarnos en Él! La mente debe actuar como una ventana que, abierta a los jardines del cielo, nos permite contemplar su belleza, sentir su suave brisa, y deleitarnos en sus aromas. Por eso, hermano, ama a Dios, y búscale con tu mente y corazón.

viernes, 20 de noviembre de 2015

"El amor y la experiencia cristiana"

Por Pedro Blois  


La semana pasada estuvimos considerando juntos que la suma de la santidad cristiana es el amor. Y que el amor cristiano es un amor activo, un amor que sirve. De modo que podemos definir la vida cristiana como una vida de amor y servicio, servicio y amor. En esa misma línea, en el libro titulado “El amor y sus frutos”, dice Jonathan Edward: “El amor es la vida y el alma de toda religión, sin el cual toda virtud es vacía e inútil.” En efecto, “…toda virtud salvadora, que diferencia al cristiano de los demás, se resume en lo que conocemos como el amor cristiano.”
¿Por qué es así? Sigue Edwards: “Dios es amor, y aquel que tiene a Dios habitando en sí por medio de su Espíritu, también tendrá el amor dentro de sí. La naturaleza del Espíritu Santo es amor; y es por comunicarse, en su propia naturaleza, a los santos, que sus corazones se llenan del amor divino. De ahí que los santos sean ¨participantes de la naturaleza divina¨, y que el amor cristiano sea llamado ¨amor del Espíritu¨”. Amigo, ¿ves algo de este amor en tú corazón? ¿Eres consciente de esta nueva vida, de esta gracia divina en tu propio corazón? Si no es así, te ruego que acudas a Cristo, confieses tu pecado, y bebas de la gracia que fluye de la cruz.

jueves, 12 de noviembre de 2015

"¿Quién decís que soy yo?

Por Carlos Vela    

Cuando Jesús comenzó su ministerio público un gran debate surgió en torno a su identidad, siendo Jesús muy consciente de toda la controversia en torno a su persona, y de cómo ella pudiera estar afectando a sus discípulos, no dudó lo más mínimo en preguntarles: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mt 16:15). La pregunta que Jesús formula es tan directa que podría parecer por un momento inapropiada, pero dada la vital importancia de su respuesta era exactamente la pregunta que sus discípulos necesitaban recibir en medio de tanta confusión.
Dos mil años después buena parte del mundo sigue sin tener claro quién realmente era Jesús y qué es lo que vino a hacer, pero la pregunta clave no es quién es Jesús para el mundo, sino: ¿Quién es Jesús para ti? Jesús es el Dios encarnado que vino a salvarnos del pecado,  el Mesías prometido, el Hijo del Dios viviente. Errar en esta respuesta supone perder el centro del evangelio, la piedra angular de nuestra salvación. ¡Ora para encontrarte a diario con Jesús y conocerle más a cada día como quién realmente la palabra nos muestra, como quién realmente es! 

jueves, 8 de octubre de 2015

"La verdad que nos santifica"


Por Carlos Vela      

Jesús en cierta ocasión oró al Padre por sus discípulos de la siguiente manera: “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Por un lado, Jesús aquí se refiere a la Palabra de Dios, no como siendo verdadera en la medida que se ajusta a una verdad superior, sino como siendo verdad en sí misma, la Verdad. Por el otro, él ora al Padre para que sus discípulos sean santificados en su verdad, es decir, en su Palabra.
La Palabra de Dios en definitiva es la verdad que nos santifica. No dejes nunca de ser consciente que estás delante de un libro diferente al resto, único, parámetro final de la verdad, y medio por el cual Dios limpia tu vida del pecado y te capacita para obedecerle. ¡Ora para recibirla como la verdad, y ábrela a diario para ser 
santificado en ella! ¡Date cuenta del tesoro que tienes entre tus manos, y úsala conforme a su valor!

miércoles, 9 de septiembre de 2015

"Esa pobre ayuda".

Por Pedro B. Blois.


Muchas veces Dios viene a nuestro encuentro con instrumentos muy pobres. El gran general Naamán tuvo que bañarse en el despreciable río Jordán, Jeremías fue quitado del pozo con trapos viejos, y a los hombres se les presenta a un Cristo crucificado como único medio de salvación. Pablo, siguiendo el mismo ejemplo, evitó el uso de una poderosa elocuencia, o de un gran conocimiento general, para no saber otra cosa entre los corintios, que Cristo, y este crucificado. ¿Por qué actúa Dios de esta manera? ¿No podría haber medios más sofisticados para atraer a los hombres?

No nos engañemos, Dios actúa de esta manera muy concienzudamente. Desde aquella trágica caída de nuestros primeros padres, todos nos hemos golpeado fuerte, y padecemos de una gran hinchazón. Pensamos de nosotros mismos mucho más de lo que somos. Y Dios ha diseñado un plan de salvación, que nos exige aceptar la realidad de nuestra pequeñez y pecado, para poder recibirlo. Queridos hermanos, las medidas del evangelio – de la ayuda que necesitamos – están ajustadas a nuestra necesidad. Por lo tanto, no nos agobiemos ante la sencillez del evangelio, ni ante la aparente debilidad de los santos, pues ahí se esconde la insondable sabiduría de Dios.

miércoles, 12 de agosto de 2015

¡Estas invitado, Dios paga !


Por Carlos Vela                  

"A todos los sedientos: Venid a las aguas; y a los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche." (Is 55:1)

El evangelio es un llamado a acercarte a Dios precisamente para recibir un banquete pero sin pagar, sentarte en la mesa y saciarte por completo sin tener absolutamente nada de dinero. Dios no busca clientes al mejor precio, Él no tiene necesidad de nada que le podamos ofrecer, de hecho, Él no solamente desea pagar, sino que lo exige, Dios no va a aceptar que le compres su favor porque ello implicaría necesariamente que pierde la gloria de todo el asunto. Pero entonces, ¿cómo Dios nos invita y hace para cubrir los gastos del banquete? En la persona de Cristo Dios ha pagado por completo el precio de nuestra salvación, costeando nuestros pecados por medio de su muerte, pero además otorgándonos su justicia perfecta por medio de su obediencia. El evangelio es una invitación, no una transacción. ¡Acércate a Dios sin tus obras, únicamente con tu fe puesta en Jesús, para solamente de esta forma participar del banquete que Dios tiene para ti y saciar tu alma por completo!

miércoles, 29 de julio de 2015

"Remedio para el embotamiento del alma"


Por Pedro B. Blois  


Existen períodos en la vida cristiana, en los que aquellas verdades que una vez llenaron el alma con gran alegría, parecen distantes y sin sabor. La Biblia, que le era al alma lo que el café al cuerpo, ahora parece más una hierba amarga que hay que tomar aunque no apetezca. ¡Qué terrible condición! ¡Qué triste es este estado para el hijo de Dios! Puesto que este es un asunto que debe preocuparnos, nos hacemos la pregunta: ¿Qué podemos hacer ante el embotamiento del alma? ¿Qué hacer para que la verdad tenga nuevamente sabor?
Esta cuestión tiene muchas e importantísimas respuestas. Cuestiones como pecados prevalecientes, falta de comunión con los hermanos, dolores agudos del alma, ataques violentos de Satanás, nos llevarían a distintas respuestas. Pero hoy quiero recordarte el mejor remedio para el embotamiento del alma: la oración. Hermano, ora, ora, ora. Y no hablo de la típica oración de 5 min. antes de dormir. Ora con perseverancia. Ora hasta que veas que los ojos se abren. Ora hasta que los rayos del Espíritu de Dios derritan la dureza del corazón, y la verdad sea nuevamente dulce al paladar. Por el bien de tu alma, te ruego hermano: ora. 

jueves, 16 de julio de 2015

"El evangelio: el resultado de un Dios sin límites"


Por Carlos Vela  

En cierta ocasión Jesús respondió a la pregunta de sus discípulos sobre quién podría ser salvo que “para los hombres es imposible, mas para Dios no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (Mr 10:26-27). La Escritura nos presenta a un Dios que hace cosas difíciles de creer para el hombre, desde crear todo lo que existe en seis días, dar hijos a mujeres estériles y de edad avanzada, o devolver a la vida a personas que ya habían muerto, entre muchas otras cosas.


Sin embargo, en el evangelio vemos el más difícil todavía, reconciliar a un ser completamente depravado con uno completamente santo, ¿imposible verdad?, pues Dios, en su sabiduría y extraordinario poder, entregó a su Hijo unigénito para ganar nuestra justicia y recibir nuestro castigo de tal forma que esto fuese hecho posible. ¡Qué Dios tan increíble tenemos! ¡Que al considerar esto aumente nuestra fe y nuestra adoración a Dios por una salvación tan espectacular!

viernes, 10 de julio de 2015

"El trabajo del Padre, mi trabajo"


Por Pedro B. Blois    

“… he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Cor.15.10 b. Una de las cosas que amo del apóstol Pablo, es que él podía creer en determinadas verdades juntas, sin la necesidad de entender plenamente como encajaban (él las aceptaba, porque eran Palabra de Dios). Aquí tenemos un ejemplo. Por un lado, nos dice que, en la vida cristiana, él trabajaba más que nadie. Pablo era un hombre que trabajaba, como si el fruto de la vida cristiana de veras estuviese en sus manos. ¡Le vemos en las Escrituras como un hombre incansable!

Por otro lado, le vemos reconocer que todo su trabajo era el fruto de la sola gracia de Dios sobre su vida; ¡era Dios actuando en él! ¡Cuánto misterio en todo esto! Pablo reconocía que el más leve movimiento de su cuerpo en dirección a la obediencia, era la sola expresión de la gracia divina. Pero, lejos de relajarse en su tarea, eso mismo le llevaba a trabajar más que nadie. Es como si dijese: “porque Dios lo hace, porque es su sola gracia la que lo hace todo, ¡yo lo hare! ¡Me esforzaré más que nadie en la tarea! Sigamos su ejemplo.  

miércoles, 10 de junio de 2015

"El tiempo"



Por Pedro B. Blois      

“La preciosidad del tiempo”. Este es el título un conocido sermón de Jonathan Edwards. En este sermón (sobre Efesios 5.16), Edwards nos advierte sobre la importante tarea de hacer buen uso de nuestro tiempo. ¿Por qué? Porque el tiempo es una regalo de Dios excesivamente precioso. Edwards nos da cuatro razones para ello: 1. Porque la eternidad depende de nuestro aprovechamiento del tiempo. Nuestro bien estar, no solamente presente, sino eterno, depende del buen uso que hagamos de nuestro tiempo. 2. El tiempo es muy corto, lo que lo hace muy precioso. Aún los que más tiempo vivan en esta Tierra, tienen un tiempo de veras pequeño.
3. El tiempo es precioso, porque no sabemos exactamente cuánto nos resta. Hemos de aprovechar el tiempo, porque puede que sea menor de lo que pensamos. Debemos romper con la extraña idea de que tenemos mucho tiempo por delante, por lo que podemos desaprovecharlo. 4. El tiempo es precioso, porque cuando pasa, no puede ser recuperado. Los días son malos, y es bueno vivir como si, de alguna manera, pudiésemos redimir el tiempo perdido. ¡Gracias Edwards, por estos consejos tan preciosos!