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jueves, 8 de diciembre de 2016

Afirma tu corazón en el evangelio


“No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas.” (Hebreos 13:9)
El escritor de la Epístola a los Hebreos, terminando ya su carta, nos recuerda la imperiosa necesidad de afirmar el corazón en la gracia del evangelio, y no en la religión que confía en la ley. Sus destinatarios, el pueblo judío que había aceptado a Jesús, era ahora fuertemente tentado a perder dicho enfoque, apoyándose en normas sobre qué alimentos o “viandas” debían comer y cuáles no, abrazando así una justicia religiosa, muy insuficiente en comparación con la justicia que Cristo nos ofrece, y que al mismo tiempo Dios nos demanda.
Por otro lado, el autor era muy consciente del terrible peligro que estas enseñanzas entrañaban, las cuales eran capaces de mantener el corazón completamente confiado a pesar de estar apoyado en una enseñanza hueca, cuya obediencia no aportaba beneficio alguno, lejos de la salvación que Dios había provisto. Cualquier religión, incluyendo la que se presenta como “cristianismo”, en este sentido, es un veneno mortal para el corazón, el cual permanece ajeno al engaño de sus falsas promesas.
Hoy en día necesitamos afirmar igualmente nuestros corazones en el evangelio. Cualquier otro lugar en donde el corazón se apoye nos aleja de Dios y de su gracia. El evangelio es la noticia de que Dios, única y exclusivamente a través de Jesús, vuelve a tener comunión con nosotros a pesar de nuestro pecado. El mensaje de que Dios nos salva, no por lo buenas personas que podamos llegar a ser, sino por la obediencia y la sangre de Jesús. ¡Necesitamos meditar en las verdades del evangelio que la Palabra nos presenta hasta que nuestros corazones se establezcan firmemente en él, siendo así transformadas nuestras vidas!
Por Carlos Vela

viernes, 21 de octubre de 2016

¡Aprecia y cuida tu alma!



En cierta ocasión el Señor Jesús tuvo que reprender a Pedro porque éste le invitaba a sortear la cruz y evitar así dicho sufrimiento (Mt 16:23). Poco después lanzó a sus discípulos las siguientes preguntas: ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mt 16:26).
Jesús, con estas cuestiones, quiere hacernos reflexionar sobre si realmente merece la pena desatender, y consecuentemente perder, nuestra alma, con el fin de poder alcanzar cualquier otra cosa, por muy valiosa que sea.
La respuesta a la luz de la eternidad es rotunda, no cambies tu alma por absolutamente nada, aunque te puedan ofrecer el mundo entero. Pero, ¿cómo puedo entonces evitar cometer semejante absurdo y dramático error?
Justo antes, Jesús nos llama a entregar nuestra propia vida por causa de Él, para así precisamente poder salvarla (Mt 16:25). Entrega tu vida a Cristo, dedica tiempo personal a estar con Él, a conocerle a través de la oración y la Palabra, y a servirle allá donde Él te pone. No hay mayor tragedia que la de entregar nuestra alma por ganar las cosas de este mundo, pero tampoco hay mayor acierto que el salvar nuestra alma al entregar nuestras vidas a Cristo. ¡No te dejes engañar y cuida tu alma llevándola a los pies del Señor Jesús!

jueves, 16 de junio de 2016

"La vida se hizo presente"

Por Pedro Blois  

“… porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó” (1 Juan 1.2). En este versículo Juan hace referencia a Jesucristo como “la vida” y “la vida eterna”. Jesucristo es esa vida eterna que se hizo presente, que vivió y caminó entre los hombres. Pero, ¿a qué se refiere Juan con el término “vida”? ¿Cómo entenderlo? Comencemos por decir que no se trata de la mera existencia biológica. ¡Eso Juan lo conocía antes de ver a Jesucristo! No, nada de eso…
Para Juan, vida es comunión con Dios, verdadero conocimiento y deleite en Dios. Eso es lo que Jesucristo disfrutaba con el Padre desde antes del principio de los tiempos – Él estaba “cara a cara” con el Padre. Cuando Juan veía a Jesucristo, él veía “vida”, una clase de vida superior, algo ante lo que la mera existencia era muerte, sombra y oscuridad. Y es esta vida – verdadera comunión con Dios – la que Jesús otorga a todos aquellos que creen en Él. 
Como canta el salmista: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. Salmos 16.11

viernes, 6 de mayo de 2016

"El que persevere"

Por Pedro Blois  

Es de todos sabido que creo firmemente que la salvación no se pierde. ¿Cómo podría perderse algo que nos es otorgado por la sola gracia de Cristo, y que se sostiene por el sólo poder de Dios? La Escritura es clara al afirmar que estamos firmes en la justicia de Jesucristo… Pero, entonces, surge la pregunta: si la salvación no se pierde, ¿es de verdad importante todo este asunto de perseverar hasta el final? ¿Es importante mi perseverancia en la fe? La respuesta es: ¡sí! Es crucial, importantísimo. 
Jesús nos advierte una y otra vez que solamente los que perseveren hasta el final serán salvos (Mt.10.22, 24.13; Lc.21.19; Ap.10.13, 14.12); dando a entender con ello que muchos se quedan por el camino. Mi perseverancia es fundamental. Si bien es cierto que el santo persevera, el verdadero creyente llega hasta el final, esto de ninguna manera anula la solemne advertencia a que pongamos todo nuestro empeño en perseverar. 
Amigo, si no perseveras, por muy extraordinaria que haya aparentado tu fe hasta el momento, serás condenado. No des tregua a tu corazón. Aliméntate de la Palabra, ora, y lucha contra el pecado, y vive en santidad. 

jueves, 11 de febrero de 2016

"Un tesoro de valor incalculable"

Por Carlos Vela     

En cierta ocasión Jesús se refirió al reino de los cielos como un tesoro escondido, que al ser descubierto por un hombre, éste lo volvió a esconder para posteriormente vender gozosamente todo lo que tenía, y así poder comprar aquel campo que contenía el tesoro que tanto deseaba (Mt 13:44). La única razón para poder justificar su comportamiento fue la de ver en aquel tesoro un valor mucho mayor que todo lo demás que poseía. No hubo tristeza ni dudas, solamente gozo.

Cuando realmente una persona se encuentra con Cristo, el mayor tesoro inimaginable, su supremo valor produce por un lado la irrupción de un gozo infinito que inunda el alma, por otro, el estimar todo lo demás como poco al compararlo con Él.

¿Has apreciado el incalculable valor de la persona y de la obra de Cristo? Oremos para que Dios abra nuestros ojos aún más y poder ser conscientes del supremo valor de Cristo, trayendo a nuestra vida un gozo renovado que se desprende de cualquier ídolo que esté compitiendo contra Él en nuestros corazones. ¡Señor, muéstranos tu valor, muéstranos tu gloria!

jueves, 4 de febrero de 2016

"Las misiones importan"

Pedro B. Blois.    

¿Por qué importan las misiones? Las misiones importan porque la gloria de Dios importa. Lo más importante en la salvación de las naciones – como en todas las cosas de este vasto universo – es la gloria de Dios. Y no hay otro lugar en el que la gloria de Dios se vea con mayor fulgor que en la salvación de las más diversas naciones y culturas de la Tierra. Las misiones importan porque la obra de Jesús en la cruz importa. Jesucristo murió y resucitó de entre los muertos para rescatar a hombres y mujeres de todo pueblo, tribu, lengua y nación. Si apreciamos la sangre que fue derramada, entonces clamaremos por las misiones.
Las misiones importan porque la Iglesia importa. El pueblo escogido de Dios es un pueblo de muchas razas, idiomas y culturas. Jesús vino a buscar a una Novia muy diversa y por eso las misiones importan. Las misiones importan porque las gentes son importantes. El Padre amó al mundo, y Jesucristo vino a buscar lo que se había perdido. Ciertamente un alma vale más que el mundo entero. Por eso, ¡las misiones importan! Querida iglesia, que en esta conferencia nuestros corazones sean encendidos ante la belleza y relevancia de la tarea que Dios ha puesto en nuestras manos. Que podamos salir de este lugar con un deseo renovado por la proclamación del evangelio en cada rincón de esta Tierra.

sábado, 30 de enero de 2016

"El secreto del gozo invencible"

John Piper.         

Jesús reveló un secreto que protege nuestra felicidad de la amenaza del sufrimiento y de la amenaza del éxito. El secreto es este: Grade es su recompensa en el cielo. Y la suma de esa recompensa es disfrutar de la plenitud de la gloria de Jesucristo. (Juan 17:24).
El protege nuestra felicidad del sufrimiento cuando dice: "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos"(mateo 5:11-12).
Nuestra gran recompensa en el cielo rescata nuestro gozo de la amenaza de la persecución y el oprobio. Además él protege nuestro gozo del éxito cuando dice, pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujeten, sino regocijaos de que vuestros nombres está escritos en los cielos, (lucas 10:20).
Los discípulos fueron tentados a poner su gozo en el éxito ministerial. "¡Aun los demonios se nos sujetan en su nombre!"(Lucas 10:17). Pero eso hubiera cortado su gozo de la única ancla segura. Así que, Jesús protege su gozo de la amenaza del éxito al prometer la gran recompensa del cielo. Regoncíjense  en esto: que sus nombres están escritos en el cielo. Su heredad es infinita, eterna, segura. Nuestro gozo está seguro. Ni el sufrimiento ni el éxito pueden destruir su ancla. Grande es recompensa en el cielo. Su nombre esta escrito allí. Está seguro.
Jesús ancló la felicidad de los santos sufrientes e la recompensa del cielo. y él anclo la felicidad de los santos exitosos en lo mismo. Y así nos liberó de la tiranía del dolor y del placer mundano

miércoles, 12 de agosto de 2015

¡Estas invitado, Dios paga !


Por Carlos Vela                  

"A todos los sedientos: Venid a las aguas; y a los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche." (Is 55:1)

El evangelio es un llamado a acercarte a Dios precisamente para recibir un banquete pero sin pagar, sentarte en la mesa y saciarte por completo sin tener absolutamente nada de dinero. Dios no busca clientes al mejor precio, Él no tiene necesidad de nada que le podamos ofrecer, de hecho, Él no solamente desea pagar, sino que lo exige, Dios no va a aceptar que le compres su favor porque ello implicaría necesariamente que pierde la gloria de todo el asunto. Pero entonces, ¿cómo Dios nos invita y hace para cubrir los gastos del banquete? En la persona de Cristo Dios ha pagado por completo el precio de nuestra salvación, costeando nuestros pecados por medio de su muerte, pero además otorgándonos su justicia perfecta por medio de su obediencia. El evangelio es una invitación, no una transacción. ¡Acércate a Dios sin tus obras, únicamente con tu fe puesta en Jesús, para solamente de esta forma participar del banquete que Dios tiene para ti y saciar tu alma por completo!

jueves, 16 de julio de 2015

"El evangelio: el resultado de un Dios sin límites"


Por Carlos Vela  

En cierta ocasión Jesús respondió a la pregunta de sus discípulos sobre quién podría ser salvo que “para los hombres es imposible, mas para Dios no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (Mr 10:26-27). La Escritura nos presenta a un Dios que hace cosas difíciles de creer para el hombre, desde crear todo lo que existe en seis días, dar hijos a mujeres estériles y de edad avanzada, o devolver a la vida a personas que ya habían muerto, entre muchas otras cosas.


Sin embargo, en el evangelio vemos el más difícil todavía, reconciliar a un ser completamente depravado con uno completamente santo, ¿imposible verdad?, pues Dios, en su sabiduría y extraordinario poder, entregó a su Hijo unigénito para ganar nuestra justicia y recibir nuestro castigo de tal forma que esto fuese hecho posible. ¡Qué Dios tan increíble tenemos! ¡Que al considerar esto aumente nuestra fe y nuestra adoración a Dios por una salvación tan espectacular!

viernes, 10 de julio de 2015

"El trabajo del Padre, mi trabajo"


Por Pedro B. Blois    

“… he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Cor.15.10 b. Una de las cosas que amo del apóstol Pablo, es que él podía creer en determinadas verdades juntas, sin la necesidad de entender plenamente como encajaban (él las aceptaba, porque eran Palabra de Dios). Aquí tenemos un ejemplo. Por un lado, nos dice que, en la vida cristiana, él trabajaba más que nadie. Pablo era un hombre que trabajaba, como si el fruto de la vida cristiana de veras estuviese en sus manos. ¡Le vemos en las Escrituras como un hombre incansable!

Por otro lado, le vemos reconocer que todo su trabajo era el fruto de la sola gracia de Dios sobre su vida; ¡era Dios actuando en él! ¡Cuánto misterio en todo esto! Pablo reconocía que el más leve movimiento de su cuerpo en dirección a la obediencia, era la sola expresión de la gracia divina. Pero, lejos de relajarse en su tarea, eso mismo le llevaba a trabajar más que nadie. Es como si dijese: “porque Dios lo hace, porque es su sola gracia la que lo hace todo, ¡yo lo hare! ¡Me esforzaré más que nadie en la tarea! Sigamos su ejemplo.  

miércoles, 10 de junio de 2015

"El tiempo"



Por Pedro B. Blois      

“La preciosidad del tiempo”. Este es el título un conocido sermón de Jonathan Edwards. En este sermón (sobre Efesios 5.16), Edwards nos advierte sobre la importante tarea de hacer buen uso de nuestro tiempo. ¿Por qué? Porque el tiempo es una regalo de Dios excesivamente precioso. Edwards nos da cuatro razones para ello: 1. Porque la eternidad depende de nuestro aprovechamiento del tiempo. Nuestro bien estar, no solamente presente, sino eterno, depende del buen uso que hagamos de nuestro tiempo. 2. El tiempo es muy corto, lo que lo hace muy precioso. Aún los que más tiempo vivan en esta Tierra, tienen un tiempo de veras pequeño.
3. El tiempo es precioso, porque no sabemos exactamente cuánto nos resta. Hemos de aprovechar el tiempo, porque puede que sea menor de lo que pensamos. Debemos romper con la extraña idea de que tenemos mucho tiempo por delante, por lo que podemos desaprovecharlo. 4. El tiempo es precioso, porque cuando pasa, no puede ser recuperado. Los días son malos, y es bueno vivir como si, de alguna manera, pudiésemos redimir el tiempo perdido. ¡Gracias Edwards, por estos consejos tan preciosos!


jueves, 12 de febrero de 2015

"Es tiempo de aprender"








Por Pedro B.Blois  


“Si se embota el hacha y no es afilada, hay que añadir más esfuerzo. Pero es más ventajoso aplicar la sabiduría.” Eclesiastés 10.10. El necio anda siempre con prisas. Lo quiere hacer todo, y quiere hacerlo ya. La espera, por provechosa que sea, le es un fastidio; la preparación, tediosa, pues aún cuando no lo afirme a viva voz, piensa tenerlo todo controlado. Todo este asunto de estudiar, meditar, pedir consejo, orar, medir los pasos… si lo hace, lo hace a la ligera, con el fin de apresurarse a la acción. En el fondo, siente que todo aquello es una pérdida de tiempo.
El sabio, por otra parte, sabe que el hacha bien afilada exige menos esfuerzo en la tarea. Su preparación, sus estudios, su meditación, su adquisición de sabiduría, no se debe a que quiera evadir la tarea; antes, él sabe que llegado el momento, su golpe será mucho más preciso, y la tarea se hará con excelencia. Puede parecer que el sabio se tarda, pierde tiempo considerando; pero al aplicarse, se verá lo ventajosa que es, para todo, la sabiduría.
Por lo tanto, amigo, aprovecha bien el tiempo afilando tu hacha. Lee buenos libros, ora, inscríbete en la escuela teológica, camina con hombres de Dios, y espera. No desprecies las preciosas oportunidades para prepararte; no seas tan necio. Llegado el momento, verás la diferencia. Pensamientos certeros vendrán a tu mente, palabras precisas a tu boca, y un corazón tierno para responder a las diversas circunstancias. Amigo, recuerda, ¡muchos son los beneficios de la sabiduría! 

jueves, 5 de febrero de 2015

"UN PROCESO LENTO"







Por Pedro B. Blois.

En el proceso de santificación, muchas veces nos preguntamos: ¿por qué el Señor no me libra de este o aquel pecado de una vez por todas? ¿Por qué son recurrentes estas pasiones tan contrarias a mi deseo de honrar a Cristo? Para aquellos que estén luchando con desánimo, y tengan la tentación de claudicar en esta lucha por la santidad, aquí van algunas de las razones por las que Dios nos permite que sea así. Razones por las que el proceso es lento, y la lucha recurrente:
La primera: hay algunas virtudes de carácter que no serían desarrolladas, si no existiera el proceso, y si no fuera lento. Me refiero a virtudes tales como la paciencia, la longanimidad, así como la mansedumbre y humildad. Estas, entre otras, son virtudes que desarrollamos por tener que enfrentar pecados recurrentes, y sentir que los avances son lentos y escasos. En segundo lugar: estos pecados recurrentes nos mantienen humildes a los pies de la cruz. Es bien sabido por el creyente maduro, que hay sazones en la vida en la que Dios nos permite experimentar la hiel de nuestra propia maldad, para llevarnos nuevamente a la cruz.
Finalmente, vivir el lento proceso de santificación, luchando a cada día con el pecado, nos capacita para sentir verdadera empatía por aquellos que están a nuestro alrededor, y ser buenos consoladores. Una vez libres de la lucha con un determinado pecado, estamos tan sanos, que nos olvidamos de la amargura. ¡Es así! Y porque es así… debemos seguir luchando. Por lo tanto, no te desanimes en el proceso; pues aún para la lentitud del proceso, nuestro Buen Padre tiene buenos propósitos.    

viernes, 23 de enero de 2015

"Perlas en el camino"





Por Pedro B Blois    
Para el cristiano, cada día de su peregrinar en esta tierra, es un día para aprender. Siendo alguien que se relaciona con el Dios de la Providencia, y camina en la continua compañía de su Maestro, debería de saber que todos sus pasos – cada pequeño detalle del más insignificante de sus días –, están milimétricamente diseñados, para hacerle crecer en sabiduría. Dios ha hecho del mundo una escuela para sus hijos, y les ha dado por Maestro al Verbo Encarnado. ¡¿Qué más podrían pedir?! 
 ¿Qué significa esto para el cristiano? Significa que él no es un mero espectador de lo que le acontece. Significa que no debería de ir por la vida a verlas pasar. Antes, debe vivir con lápiz y papel en sus manos; debe aprender a apartarse de continuo, para orar y meditar en las verdades divinas, conforme se despliegan en las Escrituras, y son entendidas en las más diversas circunstancias de la vida. Debe ver lo que le acontece, y entenderlo a partir de la Palabra, orando y meditando en todo tiempo. 
Y con su lápiz en mano, ha de habituarse a escribir en un papel cada perla que va encontrando en el camino. Llena de perlas tus cuadernos – ¡hazte rico! –, y tendrás mucho que contar las generaciones venideras. Nuestras memorias son muy frágiles como para mantener todo lo que nuestro Buen Dios nos enseña por el camino. Por eso, ¡escribe! ¡Redacta frases sencillas que registren las incontables bendiciones de nuestro Dios! Hazlo por amor a los tuyos, por amor a los que te seguirán. .

miércoles, 3 de diciembre de 2014

"Combatiendo el pecado"




Por Pedro B. Blois              


Aquel que se acerque al cristianismo, con el fin de tener una vida fácil – si finalmente se encuentra con el verdadero Jesucristo –, se decepcionará. En realidad, el verdadero cristiano es introducido en una guerra, de la que, el inconverso, nada sabe. Se dice que un oso herido es mucho más peligroso que uno sano. Pues bien, el cristiano, ha recibido una herida de muerte en su misma naturaleza pecaminosa; de modo que, lo que aún resta de ella, se revuelve dentro de él de manera mucho más feroz que antes. Esta es la razón por la que ahora tiene luchas, que le eran desconocidas. 
Convengamos: el inconverso, nada sabe de la intensísima presión que puede llegar a ejercer la tentación. ¿Por qué? Porque ha cedido a ella, sin siquiera darse cuenta… Muchos han dicho que, el único que ha sentido todo el peso de la tentación, ha sido nuestro Señor Jesucristo. Esto se debe a que Él nunca cedió a ella. Sobre lo terrible de esta presión, el autor de Hebreos nos habla de la necesidad de combatir el pecado hasta la sangre (v.12.4). Hermanos, la gloria del cristianismo, no consiste en privarnos de la lucha, sino en capacitarnos para luchar.
En referencia a esta lucha con el pecado, quiero dejaros dos fortísimas promesas, que espero sean fundamento en la batalla. La primera de ellas: “el pecado no se enseñoreará de vosotros…” (Rm 6.14). Querido hermano, si bien hay pasiones contrarias a Cristo militando en nuestros corazones, ellas no nos pueden dominar; somos llamados a darles muerte, confiando en la Palabra, y en el poder del Espíritu Santo. En segundo lugar, toda tentación tiene un límite divino, tanto de intensidad, como de tiempo (1 Cor 10.13). La temperatura de las llamas es ajustada con precisión, para el solo efecto de nuestro bien. ¡Luchemos con confianza!  

miércoles, 26 de noviembre de 2014

"Un pueblo que avanza en victoria"



Por Pedro B. Blois.     

“…porque el Señor daba el triunfo a David dondequiera que iba.” (1 Crónicas 18.13b). El capítulo 18 de primera de Crónicas nos presenta una sucesión de batallas en las que el rey David, y el pueblo de Israel, se vieron involucrados. Y el gran punto de este capítulo, es que Dios les daba victoria, en cada una de sus batallas. Tal era la gracia de Dios para con el rey, y para con su pueblo, que no había enemigo a su alrededor que pudiese hacerle frente. Enfatizando el texto bíblico: Dios, le daba la victoria, “…dondequiera que iba”. 
Ahora, si esta era la realidad de aquel David, hijo de Isaí, levantado para ser rey de entre las ovejas del campo, y del pueblo de Israel que le seguía, ¿cuál no será la realidad de aquellos que, con confianza, siguen al Hijo de David, que descendió del cielo, murió en una cruz, y resucitó para darnos eterna redención? Hermanos, nosotros servimos a Jesucristo, el Rey de reyes, y Señor de señores; a Aquel, al que ningún enemigo puede hacer frente. Ciertamente, en cada una de nuestras batallas, tenemos la victoria. 
Por el solo hecho de seguir a Cristo, el pueblo de Dios se ve inmerso en un sinfín de batallas. Luchamos a cada día con el pecado, que milita en nosotros; con el Diablo, que nos tienta constantemente; con el sistema que rige este mundo, que es contrario a nuestro Dios… y sufrimos pérdidas, vejaciones, y hasta la muerte. Pero, en todas estas cosas, somos más que vencedores. El pueblo de Dios sabe, que todo, absolutamente todo lo que le acontece, solamente sirve para un cada vez mayor y eterno peso de gloria. No hay sufrimiento, dolor, presión, ni pérdida, que no termine bajo nuestros pies, sirviéndonos para un bien infinitamente mayor. Ciertamente, nuestra es la victoria.

viernes, 18 de abril de 2014

El que se humilla será enaltecido




No debería ser difícil que nos humilláramos pues, ¿qué tenemos de lo que debamos estar orgullosos? Deberíamos ocupar el lugar más bajo sin necesidad de que se nos diga que lo hagamos. Si fuéramos sensatos y honestos seríamos muy poca cosa en nuestra propia opinión. Especialmente delante del Señor, en oración, deberíamos reducirnos a nada. Allí no podemos hablar de mérito, pues no tenemos ninguno: nuestra sola y única apelación ha de ser a la misericordia: “Dios, sé propicio a mí, pecador.”
Aquí tenemos una palabra de ánimo procedente del trono. Seremos enaltecidos por el Señor si nos humillamos. Para nosotros la forma de subir es ir cuesta abajo. Cuando somos despojados del yo, entonces somos vestidos de humildad, y esta es la mejor ropa. El Señor nos enaltecerá con paz y felicidad de mente; Él nos enaltecerá al conocimiento de Su Palabra y a la comunión con Él; Él nos enaltecerá en el gozo del perdón garantizado y la justificación. El Señor otorga Sus honores a quienes pueden llevarlos para honra del Dador.
Él da utilidad, aceptación e influencia a aquellos que no son inflados por estas cosas, sino que más bien son humillados por un sentido de mayor responsabilidad. Ni Dios ni el hombre se interesarán por ensalzar a un hombre que se ensalce a sí mismo; pero tanto Dios como los hombres buenos se unen en honrar una condición modesta.
Oh, Señor, húndeme en el yo, para que pueda ser levantado en Ti..


SPURGEON