lunes, 3 de junio de 2013

PUESTOS LOS OJOS EN JESUS

Es siempre obra del Espíritu Santo el apartar nuestros ojos de nosotros mismos para ponerlos en Jesús, pero la obra de Satanás es diametralmente  opuesta a ésta, pues él está continuamente procurando que nos miremos a nosotros mismos en lugar de que miremos a Cristo. Satanás  nos dice: “tus pecados son demasiados grandes para ser perdonados,  tú no tienes fe, no experimentas sincero arrepentimiento, no podrás perseverar hasta el fin. Tú no tienes el gozo que sus hijos tienen y eres inconstante”. Todas estas consideraciones se dirigen al propio individuo y nosotros nunca hallaremos consuelo o seguridad si miramos allí. Pero  el Espíritu Santo aparta enteramente de allí nuestros ojos. Él nos dice que no somos nada, pero que “Cristo es todo en todos”.
Recuerda, por lo tanto, que no es tu adhesión a Cristo lo que te salva, sino Cristo mismo, no es tu gozo en Cristo lo que te salva, sino Cristo; no es ni aun tu fe en  Cristo (aunque la fe es el medio), es más bien la sangre de Cristo. Por lo tanto, no mires a la mano con la que te tomas de Cristo, sino a Cristo mismo; no mires a tu esperanza, sino a Jesús, la fuente de tu esperanza; no mires tu fe, sino a Jesús, el autor y consumador de la fe. Nunca hallaremos felicidad por mirar a nuestras oraciones, a nuestras obras o a nuestros sentimientos. Es lo que Jesús es, no lo que nosotros somos, lo que da descanso al alma. Si queremos vencer en seguida a Satanás y tener paz con Dios, tenemos que mirar a Jesús. Pon tus ojos únicamente en Él. Que su muerte, sufrimientos, méritos, glorias y su intercesión  se conserven frescos  en tu mente. Cuando te despiertes a la mañana, míralo a Él. No permitas que tus esperanzas o temores se interpongan entre ti y Jesús.                            
Síguelo  diligentemente y Él nunca te dejara.