viernes, 3 de agosto de 2012

Seguros como pueblo de Dios

Mas el que me oyere, habitará confiadamente, y vivirá tranquilo, sin temor del mal.
Proverbios 1:33


El amor divino se hace visible cuando brilla en medio de los juicios. Bella es aquella estrella solitaria que sonríe a través de la abertura de la nube tronadora; animador es el oasis que florece en el desierto de arena. También bello y animador es el amor en medio de la ira. Cuando los israelitas provocaron al Altísimo con su persistente idolatría, Él castigó reteniéndoles el rocío y la lluvia, de manera que la tierra fue visitada con un hambre espantosa; pero mientas Dios hacia esto, tuvo cuidado de que sus elegidos estuviesen seguros. Aunque todos los arroyos se secaron, habia uno, sin embargo, reservado para Elías; y cuando también aquél se secó, Dios lo reservó un lugar donde hallar sustento. Y no sol esto: el Señor no tenía un solo Elías, sino "un remanente por la elección de gracia", que fue escondido en cuevas de cincuenta en cincuenta, y aunque toda la tierra estaba expuesta al hambre, éstos fueron alimentados y alimentados de las comidas de Acab, por el fiel y temeroso mayordomo de Abdías. Saquemos de esto la conclusión de que venga lo que viniere, el pueblo de Dios está seguro. Deja que las conmociones sacudan la tierra y el firmamento se rompa en dos, pues aun en medio de un mundo hecho de calma y paz. Si Dios no libra a su pueblo debajo del cielo, lo librará en el cielo. Si el mundo llegase a ser demasiado intolerante para tener al pueblo de Dios, el cielo lo recibirá y le dará un lugar seguro. Ten confianza, pues, cuando oyeres de guerras y rumores de guerra. Que la agitación no te angustie; deja de temer al mal. Cualquier cosa que venga sobre la tierra, no la temas, pues tu, bajo las amplias alas de Jehová, estarás seguro. Descansa en sus promesas; reposa en su fidelidad y desafía al lóbrego futuro, pues no hay en él nada horrible para ti.