martes, 3 de julio de 2012

Consolación a medida de la prueba

Porque de tal manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así también por el mismo Cristo nuestra consolación. 2Corintios 1:5




Aquí hay una bendita proposición. El gobernador de Providencia, lleva una balanza. En un platillo pone las pruebas de su pueblo, en el otro sus consolaciones. Cuando el platillo de la prueba está casi vacío, el de la consolación se halla casi en el mismo estado. Y cuando el platillo de la prueba esta lleno , el de la consolación se halla en la misma condición. Cuando se amontonan las negras nubes es cuando más claramente se acerca la tormenta, el Capitan Celestial está más cerca de la tripulación.
¡ Verdad bendita ésta: cuando estábamos abatidos es cuando nos sentimos más aliviados por las consolaciones del Espíritu!
Una de las razones de esto estriba en que ls prueba hacen más lugar para la consolación.
Los grandes corazones solo se hacen en las grandes pruebas. La azada de la aflicción ahonda el pozo del consuelo y hace un lugar más espacioso para la consolación. Dios viene a nuestro corazón y lo halla lleno. Rompe nuestras comodidades y lo vacía, entonces hay más lugar para la gracia.
Cuanto más humillado esta un hombre, tanto más consuelo tendrá, pues estará en mejores condiciones para recibirlo. Otra razón por la que somos más felices en nuestra prueba es ésta: tenemos una comunión más intima con Dios. Cuando el granero esta lleno, el hombre puede vivir sin Dios. Cuando el bolsillo rebosa de oro, estamos tentados a vivir sin mucha oración.
Pero cuando se secan nuestras calabazas, entonces sentimos necesidad de nuestro Dios, cuando los ídolos de nuestra casa son quitados, entonces nos sentimos constreñidos a adorar a Dios.
No hay mejor clamor que el que viene de las partes bajas de las montañas y no hay mejor oración que tenga ni la mitad de fervor que tiene la que sale de las profundidades del alma, a través de intensas pruebas y aflicciones.



Libro: Lecturas Matutinas (Spurgeon)